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Estos son los peligros que existen al bañarse en un pantano, río o embalse

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La Comunidad de Madrid ha mantenido este año la prohibición de bañarse en ríos, largos, embalses y pantanos. Por lo tanto, lugares habitualmente concurridos como la Playa del Alberche, en Aldea del Fresno; Los Villares, en Estremera; El Muro, en Pelayos de la Presa, y Las Presillas, en Rascafría; o las del río Lozoya o el río Manzanares, a su paso por La Pedriza, en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, no estarán habilitados, al menos en el primer tramo de este verano. La única excepción donde sí se permite es la Playa Virgen de la Nueva, ubicada en el pantano de San Juan. Cerca de este último enclave ha desaparecido una niña de 10 años, y ha vuelto a poner encima de la mesa los peligros que existen al sumergirse en una gran masa de agua dulce. Estos son los principales.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que siempre hay que bañarse en aguas que estén correctamente señalizadas, permitidas y preparadas para el baño, en las que se puede apreciar el fondo para conocer bien la profundidad, algo muy complicado cuando se trata de grandes masas de agua dulce. En estos emplazamientos existen fuertes desniveles del terreno, que provocan cambios bruscos de profundida pudiendo verse sorprendido el bañista, especialmente si no es un buen nadador. Además, los fondos suelen estar muy embarrados y existen fangos, piedras, raíces y otros restos enterrados, por lo que entraña un peligro importante de quedar atrapados y producirse un ahogamiento.

En caso de que la zona de baño sea poco profunda y uno se tira de cabeza se corre el riesgo de sufrir traumatismos craneales graves o lesiones medulares, que en la mayoría de los casos afectan a la región cervical de la columna y pueden producir tetraplejia. Por eso, es importante también para la seguridad en el agua no hacer zambullidas desde una zona especialmente alta, ni bañarse por la noche o después de haber bebido alcohol, ya que además disminuye la capacidad de reacción ante un peligro. Es conveniente, también, que el baño se produzca con la presencia de otra personas para que cualquier eventualidad que suceda –como un calambre o un tirón– podamos hacer frente a ella con la ayuda del otro bañista que nos acompañe. Y, por supuesto, es imprescindible que los menores se encuentren siempre bajo vigilancia y evitar que se bañen en zonas que no se conozcan o donde el agua les cubra.

Otro punto a tener en cuenta es que las aguas que puedan parecer a priori tranquilas en su superficie pueden ocultar un movimiento en su parte inferior. Son las peligrosas corrientes de agua, que han provocado varios ahogamientos en los últimos años. En los pantanos, donde no hay un flujo constante, se produce una estratificación, es decir, la superficie del agua está sometida a un mayor cambio de temperatura mientras que en el fondo está más frío. Si entra viento y la temperatura del aire desciende, el agua superficial pasa a estar más fría que la del fondo, lo que provoca un movimiento para que se autoregule. De este modo, de ser aguas tranquilas pasan a tener fuertes corrientes que pueden provocar un ahogamiento. Además, si se trata de un embalse, hay que tener precaución por si se abre alguna compuerta puesto que podría generar turbulencias y corrientes muy peligrosas.

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