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Orgullo 2021 en Madrid: sin carrozas, rostros largos y sin presencia de la derecha

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Sin carrozas no hay paraíso. Sin carrozas hay política, y más política, y esos drones que pasan y el helicóptero que va sobrevolando el solano del atardecer madrileño. El día feliz de Irene Montero amaneció como otros Orgullos. Los hubo reivindicativos, canallas, juguetones, ‘jorgejavierdescos’ y violentos, como el último antes de la pandemia. Aquél en que liberados sindicales, heteros muchos, fueron a disparar orines al naranja de Cs y se vio a Melissa Rodríguez con cara de miedo, a Arrimadas manteniendo el tipo y alguna que otra agresión que Marlaska dijo que no existió. Una ensoñación, quizá, como el golpe del ‘prusés’.

Pero decimos que amaneció Madrid con menos tráfico del habitual, que en las hamburgueserías franquiciadas que daban al Paseo del Prado se vieron banderas arcoíris con el filete ruso en medio y se entiende que haya quien se sienta mero ‘target’ publicitario de este día. Porque para llegar a esta manifestación, la misma en la que Irene Montero dice de celebrar los derechos (un contrasentido galapagariano) fue necesaria la aprobación de la Ley Trans, el morro torcido de Carmen Calvo y contradicciones de género galopadas, como todo en este Gobierno de coalición.

Carla Antonelli, primera diputada regional trans, en la cabeza de la marcha

JESÚS NIETO
Porque la cita arrancó donde siempre, en esa cañada real que es el Paseo del Prado hacia La Castellana, tres horas de peregrinación por un Madrid sediento y los 25.000 del aforo máximo así, con la lengua fuera, sin carrozas, ni pistolas de agua en un día en que se prohibió el plástico de un solo uso y los cristianos celebraban la festividad de Santo Tomás Apóstol.

Mónica García, Rita Maestre, Íñigo Errejón y Eduardo Rubiño, con camisetas a juego
Pero Irene Montero dijo que había que celebrar los derechos de su ley, y allí que se fue en previsión de abucheos que se esperaban desde que el personal se iba arrejuntando en las sombras, pocas, que hay en la Glorieta de Carlos V. Por lo demás, un despliegue de cerca de 460 nacionales y en torno a 360 municipales. La furgoneta avanza a 5 kilómetros por hora, a las 21.15 se lee manifiesto en Colón y van «tirando del Spoty» detrás de tres furgonetas Sprinter del CNP. Piden que se abra la app del Covid y que se lleve la mascarilla. Suena Alaska, y Carla Antonelli va de verde. 

Las lecheras centelleaban al solano, y pasaban los pakistaníes, con disimulo, por detrás de la policía en una imagen vagamente lorquiana. Porque los pakistaníes han visto lo que hemos dicho anteriormente, los Orgullos felices, los más argumentados, los fiesteros y en el que hay tomate, que ya decimos que fue el último. Antes de que entrásemos en esta posguerra del confinamiento. 

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