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San Bernabé: la parroquia como punto de encuentro

«Si tienes, da. Si necesitas, pide. Lo importante es compartir». Este podría ser el lema de la parroquia de San Bernabé, Alto del Arenal, distrito de Puente de Vallecas, situada en una zona de servicios, colegio Santo Domingo, guardería, pegada a los depósitos de aguas que abastecen Vallecas. Una iglesia protegida por un espacio trasero que, Dios lo quiera, esperemos que dentro de poco se convierta en el lugar de encuentro de los feligreses y vecinos de la zona. El proyecto del párroco, a falta de contar con los recursos económicos necesarios, es convertir esa zona en un espacio, al aire libre, de encuentro, con servicios, barbacoas, mesas, una cancha deportiva, para que las familias puedan celebrar ahí, a la sombra del templo, los momentos importantes de la vida.

Porque esta parroquia no pasa inadvertida en un barrio de feligreses de toda la vida, personas trabajadoras que han sacado adelante, no sin sudor, a las familias y que mantienen una religiosidad honda, de profundas raíces. Ahora la pintura de la feligresía ha cambiado con la incorporación de familias, niños, procedentes de América Latina y de África.

La peculiar arquitectura del templo, del estilo Fisac, con su esbelta torre, la amplia nave, las vidrieras del altar que permiten que la luz juegue con los colores de la vida, hace que los fieles se sientan orgullosos de su parroquia. Un diseño arquitectónico que, pese a haber utilizado materiales sencillos, se erige como centro de referencia del barrio. Esta arquitectura exterior tiene una razón de ser. La parroquia se erigió en el año 1965, en pleno proceso de desarrollo social y económico de España, aunque el templo data del año 1970. Entonces regentaban la comunidad los padres dominicos. De ahí la impronta dominicana, no solo en el templo, no solo en las imágenes que presiden la iglesia, sino en la configuración de los espacios, el centro parroquial y la casa en la que viven los sacerdotes.

Han prestado su servicio a esta comunidad los dominicos padres Alberto Carmona y Pedro Riesco, y los sacerdotes diocesanos Vicente Páez, Antonio García, Pablo López y Julián Azcona. Hoy el párroco es Carlos Marcilla, que en su vida sacerdotal ha tenido una dilatada experiencia misionera en el Zaire, actual República Democrática del Congo. Y eso se nota. Además es capellán del Hospital Infanta Leonor. Le acompaña en el servicio a la parroquia el sacerdote estudiante Helder Cubas y también está muy activo Mariano Vélez, sacerdote jubilado que es una referencia en la parroquia.

Aunque desde el pasado mes de junio se ha pretendido una vuelta a la normalidad en la parroquia, hay actividades que se han quedado por el camino, por ejemplo la coral o el grupo de manualidades. Sin embargo, siguen activas la catequesis, el grupo de formación de adultos y las intensas actividades litúrgicas y devocionales a lo largo de la semana, las celebraciones de la eucaristía y la adoración de los jueves. Uno de los pilares de esta parroquia es Cáritas, atendida por un grupo de voluntarios que se encargan de la acogida y del acompañamiento a las personas que se acercan para solucionar sus problemas.

Ministerio de la caridad
El trabajo conjunto con las parroquias limítrofes de Santa Irene y Los Álamos está haciendo posible que salgan adelante algunos proyectos, como el campamento urbano de niños. Dos iniciativas marcan la agenda futura del ministerio de la caridad en la parroquia: consolidar el grupo de apoyo escolar para los chavales de la zona y afianzar la mesa de la hospitalidad. Pero el párroco habla también de convertir esta comunidad en una parroquia en salida, principalmente hacia las personas solas del barrio. La soledad se ha convertido en una de las pobrezas agudas emergentes. Ahí también está la Iglesia.

Una nota característica de San Bernabé es la devoción popular. San Martín de Porres, cuya imagen está en la capilla devocional del templo, cuenta con una cofradía y en los últimos tiempos está creciendo la devoción a este hermano dominico. También hay en ese espacio un Cristo crucificado de gran impacto popular. Todo ello en una parroquia, que se caracteriza por la generosidad, a la que los feligreses sienten como suya.

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