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Un ajuste de cuentas por drogas desató el crimen del rellano de San Blas

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Las manecillas del reloj marcaban las 23.30 horas cuando Juano, español de 54 años, cerró la puerta de la casa de su hermano, en el número 8 de la calle de Herrería (distrito de San Blas-Canillejas), sin saber que un varón, probablemente conocido suyo, lo estaba esperando. Sin apenas mediar palabra, los dos sujetos comenzaron una pelea que terminó de la peor manera posible. En el descansillo de la segunda planta, de un bloque pequeño de solo dos alturas y seis vecinos en total, la víctima recibió una puñalada en el costado que una hora después terminaría por costarle la vida. La Policía Nacional baraja como principal hipótesis un ajuste de cuentas por deudas relacionadas con drogas.

Según ha podido saber este periódico, fue el propio hermano del finado el que dio la voz de alarma tras escuchar un ruido y ver por la mirilla a su familiar tendido en el suelo. Del agresor, según declaró a los agentes, ni rastro. A su llegada, los facultativos del Samur-Protección Civil encontraron al herido en parada cardiorrespiratoria debido a la punzada recibida en la zona del hipocrondrio derecho. Dada la gravedad, los sanitarios trataron de revertir su estado en el mismo lugar durante 45 largos minutos. Pero fue en balde.

Los investigadores de la Policía Judicial intentan localizar ahora al homicida después de recabar el testimonio del propio hermano y algunos vecinos presentes a la hora del suceso. Cuentan, además, con las muestras recogidas por la Sección de Delitos Violentos (DEVI) de la Policía Científica, enviadas a analizar al laboratorio de cara al esclarecimiento del caso. La víctima tenía un largo historial de antecedentes por robos con fuerza y con violencia, amenazas y malos tratos.

Ayer por la mañana, pocos eran los habituales de la zona que no mascullaban lo sucedido. Pese a que algunos aseguraban desconocer los hechos, lo cierto es que el revuelo formado tras la llegada de la ambulancia y las patrullas policiales no pasó desapercibido. «Aquí nos conocemos todos», relataban dos mujeres, sin precisar más detalles. Otros, en cambio, apuntaban con desgana al cercano parque del Paraíso, punto habitual de toxicómanos desde los años 80. Más que una muerte planificada, la teoría que más fuerza ganaba en la barriada era la de un «susto» entre drogodependientes «que se fue de madre».

Zona caliente
De un tiempo a esta parte, los problemas en esta intrincada área del barrio de Amposta han aumentado para desgracia de su humilde vecindario. En julio, un tendero de 41 años recibía un disparo a las puertas de su establecimiento, en la pequeña plazuela que trazan las calles de Carpintería, Resinería y Maquinaria. En el marco de una discusión por temas económicos, el trabajador sufría un impacto de bala a la altura del hombro izquierdo. El autor, de 54 años, era detenido días después acusado de un delito de tentativa de homicidio.

Un año antes, en mayo de 2020, varias unidades de la Policía Nacional y Municipal irrumpían en ese mismo punto tras desatarse una grave trifulca. «Aquí siempre pasa lo mismo. Beben, se drogan y la lían», reconocía entonces un morador, cansado de la sensación de impunidad que creían tener los alborotadores.

En otra sonada reyerta, registrada en marzo de 2019, una turba de unas 30 personas atacaba a otra de 20 después de que esta última intentase agredir a un individuo del grupo rival. Ataviados con palos, algunos de los participantes llegaron a golpear a un agente municipal que trataba de mediar. La guerra entre clanes se saldaba finalmente con tres arrestados (uno de ellos por portar un arma simulada) y un cuarto, menor de edad, por amenazas.

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