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El cielo ofrece una providencial tregua por el Día de Todos los Santos: «Menos mal que ha salido el sol»

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Dionisio, «el Dioni, el del furgón», como dice de cachondeo, miró al cielo esta mañana y respiró aliviado. Mermado por las grandes pérdidas del año pasado, este extremeño daba gracias al cielo por no bañar de lluvia el Día de Todos los Santos. Y no era para menos, a tenor de la frenética venta de flores que él y su familia han despachado desde primera hora de la mañana, en el puesto más estratégico del cementerio de La Almudena. Frente a la puerta de la entrada principal, en el número 90 de la avenida de Daroca, miles de personas han recordado a sus familiares y allegados fallecidos tras un año de retraso, el mismo que truncó la pandemia y dejó el anterior 1 de noviembre una festividad desértica, tristemente para la historia. «Menos mal que ha salido el sol», incidía una joven, fiel reflejo del sentir general.

La escena se repitió en el resto de cementerios de la región, entre ellos todos los municipales (Civil, Hebreo, Sur, Carabanchel, Fuencarral, El Pardo, Vallecas, Canillas, Aravaca, Cristo del Pardo, Canillejas, Barajas y Villaverde), que ampliaron sus horarios para facilitar el acceso a los visitantes.

En la necrópolis de Nuestra Señora de la Almudena, la más grande de Europa occidental, Lola Clavero visitaba por primera vez la tumba de su tía Teresa Clavero, enterrada muy cerca del acceso principal junto a sus padres y su marido. «Mi tía es de Periana (un municipio de Málaga), pero da la casualidad que su marido era de Madrid y descansan aquí los dos, al lado de mis bisabuelos», explicaba esta malagueña, ramo en mano, antes de entrar junto a su pareja, Pablo Fontana, natural de Buenos Aires.

Ya de regreso, Adela y su familia (marido, hermanos, hijos y nietos) señalaban que la madre de esta, Concepción Medina, de 83 años, se murió a causa del patógeno en las primeras semanas de la crisis sanitaria. «La hemos llevado flores al Jardín del Recuerdo, donde sus cenizas fueron esparcidas», apuntaba Adela, consciente de las dificultades vividas para recordarla el año pasado.

Minutos más tarde, María Luisa, a punto de entrar en la década de los 90, no tenía reparo en charlar con este diario, evitando, eso sí, cualquier tipo de imagen. «No quiero fotos, no estoy en Instagram», bromeaba, después de visitar a su familia. «Desde hace años vengo sola, pero antes teníamos un padre que nos hacía venir a los cinco hijos siempre», recordaba. Ataviada con guantes de cuero y un clavel que portaba de vuelta, la anciana advertía de cierta falta de limpieza en el interior del cementerio.

Una familia, en el Jardín del Recuerdo de La Almudena

JAIME GARCÍA
La Comunidad de Madrid, a través del Consorcio Regional de Transportes, ha incrementado el servicio en las líneas urbanas de autobuses que hacen parada en los cementerios. En Madrid ciudad, se han dispuesto 25 vehículos más entre las ocho líneas de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid (EMT) afectadas (25 Ópera-Casa de Campo, 106 Manuel Becerra-Vicálvaro, 108 Oporto-Cementerio de Carabanchel, 110 Manuel Becerra-La Almudena, 113 Méndez Álvaro-Ciudad Lineal, 118 Embajadores-La Peseta y en los Servicios Especiales SE702 Plaza Elíptica-Cementerio Sur y SE704 Plaza de Castilla-Cementerio de Fuencarral.

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